sábado, 31 de marzo de 2012

Rasgarse las vestiduras

Le pregunto cómo se toma la noticia, una hermana de la que siempre [durante 50 años] tuvo desconocimiento, aparece  llamándolo por telefono, diciéndole que quiere conocerlo. Él me contesta que es algo para tomar con total naturalidad y aceptación, agregando: tampoco es para ponerse mal ni para andar rasgándose las vestiduras jimena, es algo que ya pasó... Le digo que  seguramente pronto viaje a casa, que le mando un beso. Olvidé decirle que lo quiero y que estoy orgullosa de su forma de relacionarse con el mundo. De igual forma, detrás de ese aspecto duro y racional en extremo, hay una sensibilidad e intuición de un  tan místico estado meditativo, que no requiere de mí diciéndole cuánto lo respeto.  Traté de ponerme en su lugar, de imaginarme cómo se estaría sintiendo, a veces olvido  que él, es tan impredescible como cuando yo era chica y lo que pensaba que no le iba a molestar le causaba enojo y lo que temía que lo enfureciera de mi, lo hacia tratarme con  más cariño, mientras, abrazándome, me hacía prometerle, en mi  ataque de llanto, nunca, pero nunca más tener algún comportamiento similar al que hubiera tenido, que pudiera resultar  negativo para mi crecimiento interno. 
Es a partir de él,  de él como una parte de mí, de él que interpreta la verdad  como liberación, que no obstante los golpes y el frío,  doy un paso firme hacia lo que es, tal como es,  y arrincono mis miedos, llevando la mirada hacia dentro. Es a partir de él, que encierro mis preguntas, hasta encontrarles una respuesta,  alejándolas de mi cuerpo, dejándolo vacío de sufrimiento y lleno  de dibujos sagrados.

Es en función de su apertura total frente a la contingencia de aquellos entes que se manifiestan en frente suyo. Es decir,  es por causa de sus brazos bien abiertos ante lo que es, pero que al mismo tiempo, pudo nunca haber sido,  que yo creo en la anatomía milagrosa del universo.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Mi última voluntad

Hoy vi la filmina de la muerte en el tiempo que tarda un [mi] cuerpo en aterrizar al piso, me dió risa mi potencial última preocupación...me dió risa darme cuenta que no había pensado en nadie ni en nada más que en estar entera para dar yoga...me dio risa mi mejor amigo (Facundo) haciéndome upa hasta el colchón, pálido del susto, con cara de circunstancia... Pensé en toda la gente que se muere en formas insólitas y tontas, agradecí no haberme desnucado ni haberme quedado paralitica DE CASUALIDAD. Pero sobre todo, agradecí todos los mimos cósmicos que recibieron mis mariconeadas, agradecí que Facu no se quiera suicidar de la culpa y sobre todo, agradecí ESTAR VIVA para REIRME de estas cosas. Esa hubiera sido mi última voluntad, llorar de risa, reirme aún estando adolorida, reirme hasta que duela...

domingo, 25 de marzo de 2012

Estallar de risa

Por si me quedaba alguna duda sobre qué tan irremontable era mi situación, solamente me hizo falta que cayera (prácticamente) sin avisar, que golpeara la puerta de mi casa, encontrándome impunemente con  la vestimenta que uso para limpiar, exactamente con el aspecto que tengo cuando voy a tirar la basura o cuando estoy al borde de rendir un final. Y el hecho de que siguiera teniendo una mirada más sincera que un perro, solamente me recordó por qué razón yo lo quería tanto a él,  por qué lo respetaba  como hombre y como persona, aunque el recuerdo sólo me durara hasta cerrar la puerta (rápido), mientras no hacía más que putear sin audio lo intolerablemente lindo que estaba, para luego seguir con la limpieza, sin más... De paso, sintiéndome un poco (bastante) obligada por la situación a tirar ese cepillo de dientes, que nunca podría decir qué es lo que realmente seguía haciendo entre mis cosas...
Entonces, el sábado pasado, fue como si el otoño se me impusiera  como metáfora existencial, exigiéndome: dejar ir, dejar ser, dejar que lo que se fue, se vaya...  Y expresando también una necesidad enorme: cesar de retener su aroma en mis sábanas y en mi ropa. Empujándome además,  a subir las persianas de mi habitación y hacer que el aire, el sol  expandan su energía circular hasta mi cama, para que yo pueda mezclarme y hacerme una con lo que llega, vaciándome en la monocromática luz blanca,  para sentirme plena y estallar de risa.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Violentamente luminosos

Cuando nos enfermamos no nos interesa saber por qué no estamos fuertes y sanos, sólo queremos que se termine el dolor. Del mismo modo que, cuando sentimos una sensación incómoda, tampoco pensamos acerca de por qué estamos incómodos, solo queremos que se vaya el malestar y punto. Así es como nos seguimos sorprendiendo, sin descifrar los mensajes que nos deja la mente, sin escuchar las palabras que nos traduce el cuerpo. El síntoma se va mudando de un lado a otro (pasamos de la tristeza, al enojo y de este a la angustia, pasamos del dolor de garganta a la contractura en el cuello) y el síntoma baila una danza invasiva y caótica arriba nuestro, y sigue bailando enérgicamente haciendonos contorsionar de sufrimiento, mientras no buscamos el origen ni el entendimiento de lo que nos está pasando. 
¿Cuánto tiempo hace falta para conocernos? ¿Qué es lo que estamos esquivando? ¿Es posible escapar de nosotros mismos? Uno puede irse de un lugar físico, pero es inconcebible salirse del estado interno.  Y si uno mismo siempre está con uno mismo, es que en ese estar consigo mismo,  estamos todos juntos, por lo que no solamente todos somos uno, sino, que además podemos diseñar un espacio, en ese tiempo infinito que pasa cada uno con cada uno, para hacer viajes hacia adentro, creando, observando, aprendiendo, escuchando, viendo y poniéndonos a salvo.



Es que hacer reposo nos viene bien,  no únicamente para mirar mucho más de lo que estilamos, el color del techo, sino para enfrentarnos con lo que venimos evitando y modificar algo al respecto. Antes de aquella vez que caí 30 días en cama, yo no era yo, incluso cualquiera  de las personas que me rodeaban eran más yo que yo. Pero tuve que estar todas esas horas acostada, en silencio, boca arriba, para poder escuchar lo que late en mí y VER la señal de luces, que me explotaban en la cara, forzándome a abrir los ojos.

Hay situaciones, que tienen el efecto de carteles tan violentamente luminosos, como el sol.

sábado, 17 de marzo de 2012

Amor humano

Me he preguntado  algunas cuántas veces por qué me atrae este camino en lugar de sentirme atraida por cualquier otro, por qué me interesa tanto ver el dolor ajeno superado y también me he preguntado mucho por qué ningún conocimiento me deja lo suficientemente llena como para dejar de estar abierta a los accesos de información que me ayuden a ayudar a otros. Me he preguntado por qué me decido todos los días por esto, desde que me levanto hasta que me acuesto, esto, que muchas veces ha significado tensionar la relación con el hombre que más amo y  que no me deja mucho espacio para desviarme del lugar hacia donde me dirigo. Me he preguntado por qué la  sola intención de canalizar algo bueno y sencillo tiene que ser para otros, algo malo y complejo. Me he preguntado si por pensar en los demás como totalidad humana, es necesario no pensar en mi viejo o en lo que espera de mí, en la transmisión de sus miedos.  Me he preguntado, si fue correcto o no, mi manejo de la situación. Pero la resolución de las cosas no estuvo nunca en preguntarme tanto, ni en estar discutiendo en forma desgastante. Llegó un momento en el que me entregué a la observación, me fui totalmente hacia adentro y VI, con qué gestos yo no estaba demostrándole amor ni rindiendole respeto, y que estaba actuando así sólo por diferencias que no estan a la altura de nuestros sentimientos, ME VI y pude percibir que cuando él me habla para expresarme consejos en un tono áspero, que cuando se pone  duro y rígido lo hace desde el lugar más suave y blando, su amor humano.  Entonces dejé de preguntarme preguntas y entendí, que aunque siempre sienta que no sé nada en relación al conocimiento en sí, he aprendido tanto, que cuando logro hacerme conciente de lo inconsciente lloro y me relajo. Me sigue enseñando a ser su hija, le sigo enseñando a ser mi viejo, es un interminable proceso.
La respuesta estuvo siempre frente a mis narices y también estuvo todo el tiempo al alcance de su mano, ¿qué por qué quiero estar donde hay problemas? ¿que por qué quiero ayudar al resto en lugar de hacer lo que considera: "ocuparme de mí"?,  porque la persona más buena que yo conozco y desde que tengo uso de razón, nunca dejó un auto varado en la ruta sin haber detenido el suyo con una caja de herramientas en la mano (entre otros inumerables gestos que registro) y sin importarle quiénes eran los que pedían auxilio, además de sin aceptarles dinero a cambio, ya que lo hacía, supongo y conociéndolo como lo conozco, que por su pura paz mental, de no haber pasado de largo. Y aunque no lo sepa, mi caja de herramientas es otra, pero mi padre y yo, estamos  haciendo exactamente  lo mismo, no poder pasar de largo. No puedo comportarme en forma individualista aunque me lo fundamente y me lo pida,  soy su espejo.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Tan pequeña y noctámbula

Cuando el mundo se torna laberíntico y se ve difuso, cierro los ojos para observar cómo estoy por fuera... cómo estoy por dentro... o me limito, a poner todos los sentidos en lo que sea que esté haciendo, entonces me calmo, porque mientras uno está claro, receptivo y abierto, no deja nunca de estar aprendiendo algo, ni para de sentir inspiración y respeto delante de los fragmentos más insólitos de universo. Cuando el mundo deviene en laberinto, me subo a mi cohete y aterrizo en mis libros, mis discos, mis amuletos y lugares preferidos, y recuerdo que confío tanto, pero tanto en  mí y en lo (s) que me rodea (n), que indefectiblemente tengo, dentro de mi infinita lista de "no entiendo": la inseguridad interna y el sufrimiento, y también sé, de dónde, yo, que soy tan pequeña  y noctámbula, saco fuerzas para levantarme temprano.

lunes, 12 de marzo de 2012

La magia de soltar

El otoño está asomando la nariz por el parque y en su proceso de secar  hojas y éstas,  tener que soltarse de los árboles para poder florecer en primavera, sé que tengo mucha ropa para lavar, centrifugar y poner a secar afuera. Como así también,  sé que tengo cosas para des-acumular y meter en cajas, dándoles un mejor destino que la inutilidad y la molestia, de ocupar demasiado espacio en relación al  uso que se les dá. Y tomando esta conciencia de lo que me rodea, también sé de cosas para "sacar" de su encierro en  cajas. Porque si bien, los buenos recuerdos no se tiran ni se borran de la cabeza, tampoco  se esconden todo el tiempo en el fondo de un placard y cada tanto, me hacen bien: algunas cartas, cartelitos y fotografías, que me dibujan una sonrisa en la cara o que directamente me ocasionan alguna inevitable carcajada, ridícula para el que interpreta que simplemente estoy cambiando objetos de lugar y no sospecha, que acabo de desterrar de unas cajas de cartón, la ternura hecha materia. Entonces, ventilo mi mente y la ropa que pienso usar durante esta estación y dejo, que el viento se lleve todo lo que NO me hace falta y le pido, que por favor, siempre me empuje a dar pasos hechos con sabiduría, a hacer cosas que me traigan tanta, pero tanta claridad psíquica, que me den la misma flexibilidad que enseñan los árboles, cuando se vacían y se descascaran, para que nuevas  flores llenen la vida.

La magia de soltar, consiste en esto, cuanto más se deja ir, más es lo que llega.

domingo, 11 de marzo de 2012

Afinidad con el sol

Tengo muchas opciones, como por ejemplo, sentarme en el suelo, cruzarme de piernas [aunque no de brazos] y encender una vela delante de mis ojos, fijar ahí la vista, sin parpadeos, o repetir lo mismo, pero con el mandala anaranjado para que me conecte con el piso, con la vibración de la tierra, con lo concreto. Hacer algo, sin estar haciendo nada, aunque parezca [ sea] contradictorio y tenga que quedarme quita para poner mi percepción en movimiento, y cerrar los ojos para ver más allá de mis ambientes cotidianos. O puedo seguir huyendo y escapándome de mí. Tengo muchas opciones, son tantas que de sólo pensarlas me agoto. La que prefiero, es seguirme buscando, aunque muchas veces sienta miedo de no poder dar lo mejor de mí o de que lo mejor de mí, no coincida con lo mejor para el resto. Pero sigo yendo hacia adelante y hacia dentro, aunque suelan temblarme los músculos a medida que me voy transformando en lo que ya soy, mi ser verdadero, mientras que lo voy limpiando de toda la porquería que se le fue adhiriendo y que lo fue limitando, y la saqueo de mí, en un llanto alegre y liberador. Y sí, yo sé que es raro que cueste tanto sacar de adentro hacia afuera lo que se es, tanto como cuesta conectarse con lo que está arriba estando abajo. Pero cada vez que hace frío o está nublado, sé que  tomar contacto con lo intangible, es tan real como que existe el viento y entonces, adquiero cada vez más afinidad con [la luz] el sol.

viernes, 9 de marzo de 2012

Alerta meteorológica

Tenía que (quería) hacer ciertas cosas (varias), pero salir a la calle me parece un poco suicida.

jueves, 8 de marzo de 2012

Gente linda

Hay gente que tiene una energía tan, pero tan hermosa, que después de pasar un rato con ella, te sentís como si te bajaras del tren de la alegría con un bonete en la cabeza y papel picado en la mano, en un repentino aterrizaje a la tierra. Entonces, llegás a pensar que el mundo es algo hostil cuando pasás mucho tiempo sin ver a algunas personas.

domingo, 4 de marzo de 2012

jueves, 1 de marzo de 2012

Y ahora que hiciste este silencio mental, no recibo mensajes tuyos y me doy cuenta que nadie está pensando en mi a las dos de la madrugada.